El hombre sin rostro

“¿Por qué no puedo inventar algo diferente a lo que hay en el mercado?” A.O.G.

¿Se imaginan venir de una familia de escasos recursos y convertirse en la tercera persona más rica del mundo? Si son capaces de ello les voy a pedir que no dejen de imaginar y me hagan un favor más; imaginense, que después de todo ello, casi nadie es capaz de imaginarse su rostro.

La historia de Amancio Ortega debe entenderse como una historia dura. La necesidad de ganar dinero para poder ayudar en casa supuso que comenzase a trabajar desde muy joven, apenas tenía entonces 13 años. Sus ideales en cambio gozaban ya de una madurez que muchos desearían antes de abandonarnos: “Si no estudias que sea porque trabajas las veinticuatro horas”.

Trabajando como “chico para todo” en una tienda de ropa sucedió un momento que cambiaría para siempre el camino de Amancio Ortega, una de esas bombillas que centellean durante un único instante sobre la cabeza de uno pero que sirven para cambiar una vida entera; ese momento no es otro que aquel en que Amancio decide que no está dispuesto a regalar su iniciativa. En ese mismo instante, Amancio decide abandonar su trabajo como dependiente y formar su propia empresa, apoyándose en los contactos que había realizado durante sus 10 años de trabajo con los fabricantes de tejidos.

Tomada esa decisión, forma Confecciones GOA ya con 27 años. Tras ella llegarían la primera tienda de Zara con 30 años, la formación del grupo Inditex con 40 y la apertura de su primera tienda fuera de España (Oporto) con 43. A partir de entonces, sus pasos han sido mucho más reconocibles y su evolución ha sido una constante.

A primera vista resulta difícil identificar el motivo por el que Inditex se ha convertido en uno de los principales distribuidores del mundo. Es cierto que ahora lo vemos como una empresa cada vez más al alza pero: ¿cómo puede llegar a crecer en apenas poco más de 40 años para situarse en ese trono que ahora nadie parece capaz de arrebatar al Sr. Ortega?

Para ello debemos analizar dos principios que Amancio introdujo en su compañía. El primero de ellos, ofrecer moda actual a un precio asequible para todos, le permitió que la empresa pegase sus primeros saltos para afianzarse en el sector; el segundo, el concepto del ‘just in time’, le ha valido a la industria para adelantar a la mayor parte de su competencia.

El primer principio fue bastante básico, las grandes empresas de la industria creaban unos artículos de ropa que marcaban moda al instante, así que Amancio se planteó: Está bien, creemos eso para la gente de la calle. Ropa que la gente pueda comprarse y que no tenga que ser para toda la vida, que sea ropa que a lo mejor dure un año, pero que permita a la gente de la calle vestir como ellos quieren a un precio que puedan permitirse; ropa que permita a la gente portar tantos estilos como ellos quieran y que puedan cambiar cada día a base de complementos.

El segundo principio no tendría sentido en una empresa de pequeñas dimensiones, pero el crecimiento de Inditex sería incomprensible sin su análisis. La empresa está dotada de una de las mejores logísticas del mercado, lo cual le permite crear a un ritmo vertiginoso. Si a esto le añadimos la gran comunicación existente entre todas sus tiendas el resultado no es otro que colocar en el mercado lo que la gente quiere en el momento mismo en que lo desea, ‘just in time’.

Pongamos un ejemplo. La temporada de otoño de 2001 en Nueva York estuvo marcada por una gran cantidad de colorido, todos y cada uno de los escaparates de las principales tiendas de moda de la Gran Manzana brillaban con una gran paleta de colores para recibir el otoño con una ‘cara sonriente’. Entonces un siempre recordado 11 de septiembre marcó un punto de inflexión en los neoyorquinos; aquellos colores cálidos y desbordantes de alegría no hacían más que contrastar con un vacío, el de Nueva York, que dejó a todos sumidos en la tristeza. Zara fue la única empresa capaz de realizar un cambio absoluto de imagen y de cambiar su colección de otoño por una en la que primaban los tonos oscuros y grisáceos, como rige toda norma de luto. Resultado de ello, fue la empresa que mejor parada salió esa temporada.

Dos principios que pueden parecer bastante básicos y que por ello sólo nos llevarían al éxito a través de una simbiosis con el gran principio del desarrollo:

Las ideas en sí no valen nada, sólo importa la forma en que se llevan a cabo.

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