Le Corbusier, el hombre detrás del mito

“Prefiero dibujar a hablar. Dibujar es más rápido, y deja menos espacio para la mentira.”

Hace unos días se cumplía el 125 aniversario del nacimiento de uno de los padres de la Arquitectura Moderna, Charles Edouard Jeanneret-Gris (6 de Octubre, 1887 – 27 de Agosto, 1965). Nacido en la ciudad Suiza de La Chaux-de-Fonds, a los 29 años se trasladó a París, obteniendo la nacionalidad francesa, donde adoptó ese mote que le acompañó el resto de su vida.

Le Corbusier, ese genio que sin terminar la carrera de arquitectura se convirtió en uno de los más grandes, que nos dejó sus teorías de los 5 puntos de la arquitectura y del Modulor, los maravillosos edificios de la Tourette, Ronchamp, Ville Saboye o la Unité d’Habitation, entre otras, sigue siendo un referente de la arquitectura mundial a pesar de haber pasado casi 50 años de su muerte. Todos conocemos casi al dedillo su obra, sus manifiestos, pero sin embargo, desconocemos partes importantes de su vida, que son las que le formaron tal como es.

“Un bloque de hormigón con unas gafas embebidas en él”, así definían a Le Corbu unos jóvenes artistas suizos. Y es que es imposible concebir su imagen sin esas famosas gafas, que son parte del icono Le Corbusier. Es más, en el billete de 10 francos suizos, esas lentes son lo primero en lo que uno se fija. Y es ese reconocimiento del Banco Central suizo a su hijo nativo el que nos dará pie a comentar una relación de lo más tormentosa, la de Le Corbusier y su país natal, Suiza.

Si bien se dice que Suiza sólo llega a reconocer a sus artistas cuando se hacen famosos en el extranjero, tardaron mucho tiempo en apreciar la genialidad de su mejor artista del siglo XX. Le Corbusier acusó a Suiza de darle la espalda y por ello, en sus escritos y notas personales, siempre habló de su país natal con ciertos toques críticos y sarcástico, asociándola al fracaso.

No obstante, arquitectonicamente, esa ruptura no se llega a apreciar. A pesar de que no llega a realizar obras de carácter monumental como pueden ser las de Chandigarth en la India, su obra realizada en Suiza goza de gran prestigio internacional, incluso siendo más modestos los edificios. El immeuble Clarté en Génova y la Maison Blanche en la Chaux-de-Fonds fueron propuestos por la UNESCO en el 2004 para incluirlos en la lista de Patrimonio de la Humanidad.

Immeuble Clarté

Maison Blanche

Para Le Corbusier la relación con su madre fue de gran importancia. Se sabe que iba a visitarla a menudo, forzado por la necesidad de demostrarle que era el mejor o por lo menos valedor de todo el reconocimiento que estaba recibiendo. El cartero que llevaba las cartas a la madre de éste llegó a decir: “Es cierto que Le Corbusier fue un hombre de mucho misterio. A pesar de su reconocimiento mundial todavía hay muchos enigmas que no se han resuelto. Por ejemplo, siempre ha habido una gran incógnita en cuanto a su nombre y su nacionalidad. Mucha gente todavía piensa que fue francés.” Le Corbu no fue una persona a la que le importara mucho su nacionalidad. Él estaba por encima de la gente, era muy consciente de su talento.

America Latina, Asia, Oriente Medio, Africa, le querían en todas partes. En India construyó una ciudad entera, Chandigarth. En Brasil, su influencia tuvo un gran impacto sobre los arquitectos que construyeron Rio de Janeiro en los años 50. En Argelia, hizo todo lo que pudo para conseguir que su diseño del Casbah fuera aceptado. Se encontró con la oposición del gobierno francés, que veía en este coloso suizo una amenaza a sus ideas de arquitectura colonial. Pero Le Corbu no era alguien que se viniera abajo, tenía muchas otras obras en su mente.

Sin embargo, no todo son halagos hacia su figura. Muy polémica fue su afiliación política a la extrema derecha, uniéndose al Vichy Régime, que colaboraba con la Alemania nazi. En las cartas a su madre escribe que Vichy y Hitler traerían una transformación maravillosa de la sociedad. Se desconoce si realmente compartía estos ideales o simplemente intentaba ganar favores. Pero su país de nacimiento le perdonó, y en este momento hay plazas y calles con el nombre de ese genio que consiguió revolucionar la arquitectura.

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