El “sueño” de Aragonia

Hace ya casi 40 años, en 1973, el Proyecto de Aragonia habría parecido sólo un sueño para la ciudad de Zaragoza, un proyecto que desarrollaba un complejo urbanístico de usos mixtos, con un hotel de gran lujo, de 170 habitaciones en 12 plantas; un edificio de oficinas de 12 plantas; 4 torres con 132 apartamentos de hasta 4 habitaciones, y un centro de ocio y comercial de 6 plantas y cerca de 30.000 m2 de superficie bruta alquilable.

Si a todo esto le sumamos que el encargado de dar forma y coherencia a un proyecto de tal envergadura era el mundialmente reconocido arquitecto español Don Rafael Moneo, a quien se atribuye el proyecto, Aragonia tenía todos los ingredientes para convertirse en uno de los símbolos emblemáticos de la ciudad a nivel arquitectónico y uno de los centros más importantes de actividad comercial, turística y empresarial, con una concepción atrevida y completamente innovadora.

Pues bien, hace 5 años aquel “sueño” pasó a ser una realidad consolidada. Lo que pretendía ser una promoción urbanística de máximo nivel, centrada en ofrecer elevadas cotas de accesibilidad, diversidad y disponibilidad de recursos y servicios, se ha convertido en una obra que deja indiferente a muchos habitantes de Zaragoza.

Parece mentira que aparezca el nombre de Don Rafael Moneo como arquitecto, ya que en mi opinión, y en la de gran parte de los zaragozanos, no deja de ser un proyecto corriente al alcance de muchos, en el que se respetado mas bien poco a los edificios existentes y que no ha conseguido ser ese “símbolo emblemático para la ciudad”, que es lo que se esperaba de él.

Con esto no quiero criticar a Don Rafael Moneo ni mucho menos, ya que no tengo capacidad ni conocimiento para ello, sino cuestionar su grado de participación en el proyecto, o si fue el cliente el que “condicionó” el resultado final.

También cabe decir que posiblemente, debido a la crisis que atraviesa el país, la puesta en marcha del centro comercial, el uso de las oficinas y el de los apartamentos, se está viendo bastante limitado.

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4 Respuestas a “El “sueño” de Aragonia

  1. Muy interesante, no tenía ni idea de q venía de tan lejos este “sueño”. En mi opinión no creo que esta solución haya hecho daño a la zona, pero tampoco q la haya revalorizado. Así que, como bien dices, indiferencia y sensación de que esta ciudad, por unos o por otros, ninguno de nuestros sueños llega a buen puerto sino que dejan agujeros dificilmente tapables.

  2. Me alegra que toques el tema. Como vecina de Aragonia, puedo decir que si que he notado una reactivación de la zona. La gente del barrio nescesitaba los servicios que el complejo ofrece. Pero me gustaría hacer una reflexión. ¿Era necesario aglutinar cada uno de los focos de actividad en un mismo punto? Una distribución de los mismos en diferentes lugares hubiera generado mucho más movimiento y hubiera dado más consistencia a la zona dando más vida a la calle. Pero una vez más Zaragoza cae en la trampa del “Arquitecto estrella que va a crear el símbolo nuevo de la ciudad”, parece que no aprendimos la lección de la Expo Zaragoza 2008. Olvidémonos de crear nuevos símbolos y dediquémonos a mejorar la ciudad con actuaciones más modestas. Es difícil ponerse a la altura de la Basílica del Pilar.

  3. Desde luego no parece una obra muy del estilo de Moneo. De todas formas estamos en lo de siempre, toda ciudad o todo alcalde quiere su Guggenheim. Al menos esta vez se llamó a un arquitecto nacional.

  4. Desde mi punto de vista la crítica no debería ser tanto al edificio en sí mismo sino a la solución dada al problema de falta de actividad de la zona. Creo que no puede ser mediante un centro comercial (uno de tantos que están apareciendo en Zaragoza). El modelo de estos centros ,exportado de EEUU, da solución a núcleos que carecen de espacios comunes, de calles… En mi opinión este modelo de edificio dentro de la ciudad no tiene ningún sentido, ya que es introvertido y autista, lo considero una micro ciudad dentro de otra pero con muchas carencias. Aplicando esto a Aragonia, el fallo fundamental es que se convierte en un espacio público (puede serlo también un aparcamiento) pero no en un espacio común que es donde realmente se fomentan relaciones entre las personas, ya sean de ocio, económicas… El edificio se convierte por tanto en un pasaje mas que una calle, ya que todo transcurre en un camino, rodeado de comercio que tiene el mismo inicio y el mismo final, que no mira hacia el exterior y tampoco lo hace ni siquiera entre las distintas alturas del mismo edificio. Curiosamente las veces que he ido allí, me he dado cuenta de que lo único que realmente funciona son los lugares destinados a esta interrelación: restaurantes y cine, lugares donde la gente se reúne, espacios comunes.

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