Contrastes

La luz es un elemento fundamental en la Arquitectura, más bien el elemento fundamental. Es la primera de las condiciones variables en nuestra profesión. Hace unos días Víctor hablaba sobre la luz natural como un material más; y es que la luz, tanto natural como artificial, puede ser manipulada para darles un carácter específico a lugares concretos. Si consideramos la arquitectura como escultura, concluiremos que es precisamente la luz la que nos permite verla y apreciar sus formas. Como decía un viejo amigo mío, “sin luz no hay arquitectura”.

La luz puede relacionarse con la actividad del lugar. A cada actividad se le puede encontrar el tipo de luz resultante más apropiado. Esta cambia y puede ser alterada. La luz natural varía de la noche al día y según las estaciones del año; a veces llega matiza o difusa por la presencia de nubes. La luz artificial es más constante y fácil de controlar que la solar; puede encenderse y apagarse a voluntad, o graduarse su intensidad, color y dirección. Uno de los usos más expresivos de la luz eléctrica se produce en los teatros: pero cualquier lugar puede ser considerado como un teatro y ser iluminado en consecuencia, como si de crear escenas se tratase.

Le Corbusier, máximo exponente de la arquitectura moderna, decía que “la arquitectura es un juego magistral, perfecto y admirable de masas que se reúnen bajo la luz. Nuestros ojos están hechos para ver las formas en la luz y la luz y la sombra revelan las formas…”. Como se deduce de las palabras de Le Corbusier, arquitectura y luz son dos conceptos que siempre van unidos. De hecho, la iluminación es una parte esencial de cualquier proyecto arquitectónico.

Mas allá del valor funcional que esta tiene, permitiéndonos realizar  múltiples actividades  en el ámbito nocturno,  la luz para el diseño constituye un elemento más, una materia intangible que es capaz de darle carácter a la obra de arquitectura y al paisaje, potenciando las materialidades que  lo componen.

Claro que detrás de la luz, como con un papel secundario, está la sombra.

“Lo bello no es una sustancia en sí, sino un juego de claroscuros producido por la yuxtaposición de las diferentes sustancias que va formando el juego sutil de las modulaciones de la sombra”.

“El Elogio de la Sombra” de Junichiro Tanizaki es una reflexión sobre el papel de la sombra en la arquitectura japonesa.

Tanizaki señala cómo “los occidentales se asombran de la sencillez de las habitaciones japonesas, no viendo en ellas más que paredes cenicientas desprovistas de adornos. La reacción es comprensible pero revela la incapacidad de comprender el misterio de las sombras”.

La luz, se impone. La oscuridad, alberga. La belleza surge de una trama de sombras.

@IgnacioFdzAlons @blog-arq

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