The crazy ones

The people who are crazy enough to think they can change things, are the ones who do” Steve Jobs

La obra de Frank O. Gehry, tan criticado por escuelas de arquitectura como la que nos acoge día sí y día también de estos largos cincos años, parece no mantener ninguna relación directa con nada; lejos de ello, la casa de Gehry guarda una estrecha relación con innumerables artistas como John Cage, Marcel Duchamp o Claes Oldenburg entre otros muchos.

A simple vista resulta difícil establecer esta relación, todos ellos tienen un aire que nos recuerda a Frank Gehry, aunque probablemente si nos preguntásemos a qué se debe sin hacer una reflexión profunda la solución del rompecabezas parecería clara… todos ellos están locos; todos hacen cosas que a ninguno se le permitiría probablemente en una escuela de arquitectura o de música aunque quizás sí en una de bellas artes, y es este su primer nexo de unión, el arte.

Todas ellas nos impactan y nos llevan a comentarlas (en palabras de Jobs, podemos adorarlos o criticarlos pero nunca ignorarlos) porque en todas ellas aparece lo cotidiano llevado al mundo del arte y es éste carácter social y cotidiano lo que se convierte en su segundo nexo. Y son estos elementos comunes a los que tan acostumbrados estamos los que nos invitan a no callar cuando los presenciamos, no podemos guardarnos nuestra opinión pues nos marcan, nos hacen llevar nuestra propia historia personal y cultural sobre ella, y es esta empatía que producen el nexo más fuerte entre ellas.

Es en el arte, donde primero se entiende la voluntad de Gehry de romper con lo establecido. Al igual que tantos artistas como los mencionados Marcel Duchamp, John Cage y Claes Oldenburg el arte se toma como una herramienta para cambiar el punto de vista del ciudadano ante la forma de entender el propio arte, ante la manera en que se realizan cada una de sus disciplinas. Los ready-made de Duchamp, las melodías de Cage o las instalaciones de Oldenburg son sin lugar a dudas ejemplos de rebeldía, ejemplos de expresar los más profundos pensamientos que ocupan nuestra mente y por tanto ejemplos de arte. Porque si algo es el arte, es una expresión de nuestro pensamiento y cómo éste se ve afectado por lo que nos rodea, o en el caso de estos artistas lo que les rodeaba en su época.

Pocas palabras marcaron tanto una sociedad como las pronunciadas por Martin Luther King el 28 de agosto de 1963: “I have a dream”. Sólo estas cuatro palabras fueron necesarias para que la sociedad americana se diese cuenta de que las cosas se podían cambiar. Y así sucedió en América a partir de los años 1960; el ‘american way of life’ entró en crisis, la distinción de razas, el consumismo alocado y hasta la venta de tabaco se vino abajo y un pequeño movimiento que estableció su más fuerte núcleo en San Francisco (California) se hizo cada vez más fuerte; en efecto, hablamos de los hippies. 

Pero, ¿qué sucede cuando criticas el consumismo? Un bien siempre caracterizado por el burguesismo como puede ser el arte tuvo que buscar una alternativa, ¿cómo acercarnos al hombre si criticamos el consumismo? ¿qué opción nos queda? Aprovechemos el cambio de la sociedad de hace unos años, pensaron. Démosle una vuelta de tuerca a la industralización, usemos tecnología pobre, reutilicemos lo que tenemos, hagamos del arte algo más humano. ¿Qué sucede con la naturaleza? La madera o la piedra no nos sirven para siempre pero si los respetamos no dejarán de aparecer. Hagamos lo mismo… reciclemos el arte. Y si el arte es algo de por sí personal, reciclemos su material. De nuevo vemos a los mismo hombres con las mismas reacciones. Aportemos a la sociedad lo que ya tiene, invitémosles a verlo de otra manera.

Esto provocó reacciones inmediatas en quienes lo apreciaron y con ello Marcel Duchamp lanzó una pregunta al mundo: ¿Qué es el arte?. Quizás no lo sepamos todavía pero si de algo podemos estar seguros es que su actitud ante el arte cambió muchas cosas y provocó muchas opiniones. Probablemente por algo que la teoría del einfühlung (endopatía)ya había previsto a finales del s. XIX y es que la gente reaccionó al ver sus obras gracias a que un objeto cotidiano les facilitó proyectar sus sentimientos sobre él.

You can quote them, disagree with them, glorify or vilify them. But the only thing you can’t do is ignore them. Because they change things.”

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4 Respuestas a “The crazy ones

  1. A Gerhy no se le critica por su arquitectura en si, ha hecho y hace muy buenas obras. Desde mi punto de vista se le critica cuando utiliza la misma estrategia de proyecto para todas sus edificios. El Guggen funciono, pero porque habia mucho mas detras que simples formas (la relacion con la ria o con la parte vieja) pero llevar esto a tan distintos lugares es facil que al final se confunda,por muy genio que sea. Y esto tambien tiene mucho que ver con los otros personajes de los que hablas, aunque parecia que sus obras eran espontaneas, todas tenian un alto contenido de queja,ruptura y a la vez relacion con la sociedad de su tiempo.
    Dicho esto Zait, enhorabuena,gran publicacion,me ha gustado mucho!

  2. mu buen articulo zaiter!! de toas maneras, no es k a Gehry no se le critique por su arquitectura, porque cuando escuchamos eso en clase, sí que lo hacen. O es que no hemos escuchado a nadie poner a parir el titanio del guggenheim diciendo que se separan las placas?
    A mi no me parece mal lo que él hace. en arquitectura, como en el resto de campos, tiene que haber de todo. Y si a lo largo de la historia se hacían cabañas y, a la vez, catedrales, no veo por qué eso no va a seguir siendo así. Otra cosa es los que malinterpretan su obra o la pretenden utilizar. Pero por cierto que el Walt Disney concert hall, aun pareciéndose al guggen, sigue siendo un edificio impresionante. En la obra de gehry siempre hay mucho más que simples formas, no sólo en el guggen. No se puede pecar de reduccionista.
    Por cierto, la peli Sketches by frank gehry, de sidney pollack, esta genial

  3. Gracias a ambos, y me gustaría aclarar que este artículo no está hecho sólo por mi sino que tambien participa de él David Garraza.

    En cuanto al tema que concierne… tanto este artículo sobre Gehry como el que realizó Xabi sobre Archigram que era algo que yo tambien tenía mente, son un esfuerzo de reivindicar la cultura. Estoy de acuerdo con lo que dice Xabi, el error está en que una misma solución no sirve para todo y aunque lo hiciese debe estar justificada en todos los casos, conllevando esto un mayor esfuerzo en las siguientes adaptaciones porque creo que uno debe partir de que la solución anterior no es válida, algo que hace mucho más difícil acabar llegando a ella de nuevo.

    En cuanto a lo que acabo de comentar sobre esfuerzos de reivindicar la cultura me gustaría explicarme. Vivimos en un mundo donde se cae demasiado rápido en la crítica fácil, en él “esto no es bueno, porque no es lo que nos han enseñado”. Siempre me ha gustado pensar que si ellos hacen algo que yo no hago, que no entiendo o que no comprendo y han llegado tan lejos es porque hay algo detrás que tiene valor, un valor que por lo menos merece la pena interiorizar. Estos artículos tratan de rescatar la aportación que han hecho, dejando de lado los errores que hayan podido cometer porque… esos ya los grita el mundo a los cuatro vientos.

    Gracias por leernos.

  4. Pingback: Connecting the dots | BlogARQ·

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